Ayer, como no podía ser de otra forma, fui a ver La venganza de los Sith. La película me pareció simplemente impresionante, memorable y tremendamente oscura. Pero lo importante no es eso sino el hecho de ver el nacimiento de Darth Vader, uno de los más grandes villanos de toda la historia del cine, alguien que ha vivido con nosotros desde antes que yo naciera.
Muchos de los chicos de mi generación (nací en 1978) han crecido con Han Solo y su Halcón Milenario, con Yoda y sus enseñanzas, con Leia y sus peinados, con la guerra de las galaxias al fin y al cabo. Saben de memoria cada una de las películas y han esperado con ansia esta última entrega. Por fin la película era para nosotros. Los anteriores episodios de esta nueva trilogía no lo eran, buscaban un público más infantil, más simple. Pero en La venganza de los Sith los verdaderos destinatarios éramos nosotros, los que crecimos con la trilogía original y ya no somos niños. La oscuridad de la película llega más allá del dramático El imperio contraataca (la que sin duda es mi película favorita), en la que el lado oscuro únicamente gana una batalla. En esta ha ganado una guerra, un imperio, que incluso sabemos los años de que durará.
Si no has visto esta película, no pierdas más el tiempo y vete ahora mismo. Que la fuerza te acompañe.