La respuesta es, obviamente, no. Sin embargo, aquí está mi blog personal. Empezó en mi época universitaria, como otra moda más. El objetivo era jugar con la tecnología. Tecnología. Y ese es el problema porque ahí quedó todo. He pasado muchas más horas escribiendo líneas de código, arreglando servidores, instalando plugins o gestionando filtros que escribiendo contenido real.
Entonces, ¿tiene utilidad tener un blog? Es más que cuestionable. Sin embargo por una u otra razón, seguramente más nostalgia que otra cosa, lo he ido manteniendo, migrando y asegurándome de que no se perdiera en la profundidad de un disco duro desconectado en un cajón.
Mantenerlo conectado en realidad sólo es parte de la tarea. Y ahí está el problema. ¿Qué hago con el blog? ¿Lo continuo o lo dejo morir? Y si continúo, ¿cómo lo hago? Mi amigo Carlos, durante un tiempo una estrella rutilante del mundo bloguero, siempre recomienda lo mismo: temática, temática y temática. El hilo vertebrador de un blog tiene que ser la temática. Sin una temática no se puede atraer masa crítica hacia un blog para hacerlo útil.
Elegir una temática para un blog personal no es una tarea fácil. La cosa no resulta arto más complicada cuando una personalidad poliédrica en la que los intereses se amontonan como los libros en la mesa del despacho de un abogado. Pero esa es justo la temática de este blog: lo que me interesa. No habrá otros artículos más allá de las cosas que me interesa. Reconozco que resulta una temática totalmente egocéntrica. Pero para eso este es mi blog personal. Si no te gusta grande es Internet.
Quizá con el paso del tiempo pueda afinar más la temática. Pero seguro que no será hoy.